El respeto por la naturaleza es inherente a todos los humanos, es global y no puede entenderse como un tema ético aislado. Por lo tanto su destrucción y degradación debe ser controlada sobre todo en zonas urbanas donde los colores del cemento y plástico abundan.

La naturaleza es el sostén de nuestras vidas y aunque ella nos provea de todo lo que realmente podemos necesitar para vivir como comida, abrigo, salud, lujos etc. no puede suplir la avaricia de algunos humanos.

La vida de millones de especies está en juego, incluida la nuestra.
Por lo tanto, respetar la naturaleza es una cuestión de supervivencia.

Generalmente no nos damos cuenta de las agresiones directas o indirectas que hacemos en la naturaleza. Nuestro sistema social está basado en producción desmedida y consumo ilimitado e incontrolable. Tendemos a pensar que más consumo significa más felicidad; es evidente que por debajo de cierto nivel de pobreza es prácticamente imposible tener una vida digna, pero una vez satisfechas nuestras necesidades básicas, el aumento del consumo no tiene que nada que ver con el bienestar o la felicidad.

El mundo contemporáneo tiene una especie de adicción al consumo: siempre queremos más cosas, más novedades, parece no haber límite.

Quien se encarga de pagar esta factura generalmente es el medio ambiente cuando recibe tantas toneladas de basura en sus bosques y mares, cuando intenta equilibrar tantas emisiones en su atmósfera, cuando colapsa y se enferma; lo que por lógica natural nos afecta directamente y terminamos pagando también nosotros. Incluso bajo ese panorama tan desalentador  donde somos protagonistas y damnificados, seguimos  nuestras vidas como si de verdad nada pasara o afectara.

Para respetar la naturaleza debemos encontrar individual y colectivamente otro estilo de vida. No solo produciendo sino consumiendo productos más ecológicos y en las cantidades necesarias, lo que claramente significa consumir menos.

No se trata de imponer un estilo de vida primitivo y carente, sino el adecuado y a la medida de manera que sea sostenible, sencillo y digno,  aprovechando al mismo tiempo las infinitas ventajas de la tecnología actual.

El respeto por la naturaleza es una cuestión de percepción. No podemos respetar a la naturaleza si no nos podemos respetar a nosotros mismos.

El mundo es un gran organismo, algo vivo que no depende de nosotros, que es en sí, un sistema inteligente, interdependiente y sincronizado, donde todas sus partes son importantes sin importar su función.
Para respetar realmente la naturaleza debemos aprender a entenderla y sentirla como un ser vivo, del que somos parte, debemos saber que es análoga e intrínseca a nosotros.

Solo bajo la luz de la conciencia podremos lograrlo y a partir de eso sabremos lo que significa la conservación del medio ambiente y su mejora influyendo en todos los organismos vivos como la sociedad y sus actores (familias, centros educativos, gobiernos etc).
La conciencia ambiental es darnos cuenta de nuestro entorno natural y conocer la gestión sostenible de sus recursos a través de cambios en las políticas públicas pero sobre todos del comportamiento individual a través de la educación y la participación directa.


Este es una manera de saber lo que significa respeto y conciencia