Cuando un ser vivo presenta rasgos que destacan su presencia, que son señales de advertencia, frecuentemente usados para defenderse.

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Viene del griego apo, que significa lejos o aparte y sema que significa señal, lo que puede traducirse como uso de señales de advertencia. Entre los animales es frecuente el aposematismo en especies dotadas de medios defensivos potentes, tales como aguijones o colmillos venenosos, o un sabor desagradable.

Es el caso contrario de mimetismo y camuflaje, es decir cuando el ser vivo presenta rasgos que destacan su presencia, que son señales de advertencia, frecuentemente usados para defenderse.

En muchas ocasiones coinciden mimetismo y aposematismo, como es el caso de animales inofensivos que adoptan los rasgos de advertencia de otros peligrosos, ya sean llamativos a los sentidos o destinados a alejar a sus depredadores como algunas orugas que presentan ocelos grandes, manchas pares concéntricas que imitan a un par de ojos abiertos siempre advirtiendo a su depredador de tener cuidado.

Es un fenómeno muy frecuente en la naturaleza, casi siempre defensivo, buscando el reconocimiento como PELIGROSOS por posibles depredadores. Las mofetas y las avispas avisan de la inconveniencia de aproximárseles con sus colores llamativos. Aunque no siempre las señales son visuales: están las serpientes de cascabel, con su distintivo aviso sonoro. Para que las señales sean efectivas debe haber un conocimiento de su significado por el posible atacante, ya sea por instinto (heredado), o de reacción de evitación aprendida tras una mala experiencia.

El aposematismo es muy raro en las plantas. Sólo en algún caso, cuando la planta sabe muy mal o es muy indigesta como es el caso de la hierba de Santamaría o parra rusa (Polygonum sagittatum), a la cual le conviene llamar la atención para facilitar a un eventual consumidor el recuerdo de una mala experiencia.